Claro.
Y menos mal que tienes esa alternativa.
Imagina que estuvieses en la época de la ley seca y tuvieses que destilar tu propio licor a base de cagarro esferificado de cabra.
Aunque bebiendo Cruzcampo, no notarías muncha diferencia.
Tambien te podrías beber el vino de la sacristia.
Y cierto es, que cuando vuelvo del curro a las siete de la tarde, hay más peña currela en los alrrededores de la tienda del chino Wong bebiendo litronas y latas de medio litro (aquí les dicen "cuarterones") que en los tres escasos bares que quedan abiertos en el pueblo.
Y en cualquier barrio de Madrid, igual. En vez de irse al bar del poligono, todos al chino del poligono. Aparcan las trescientas furgonetas del reparto y a hincharse de bier a precio regulero y a comentar la jornada laboral con los compadres.