Yo una vez vi a uno que al hacer la transfusión se pego un trago de gasolina, y no se le ocurre otra cosa que encender un cigarro para quitarse el sabor, con tan mala suerte que le salió ardiendo la boca, entonces fue y se puso a apagarse a manotazos, pero las manos también las tenía bien mojadas de gasolina y toda la cara ardiendo, el compañero que tenía al lado también a apagarle la jeta a guantazos; al final las pestañas quemadas y la cara colorada de las galletas.
Hay que vivirlo, por más años que pasen cada vez que me acuerdo me parto de la risa.